Siempre es agradable recibir buenas noticias. Y si éstas están relacionadas con la salud, después de una temporada tan mala, pues todavía más.

Como es habitual para quienes han sido diagnosticados de cáncer, es poco habitual oír la palabra “curado”. Generalmente se habla de pacientes en remisión, puesto que aunque se haya superado, la posibilidad de recaída siempre está ahí.

Y por eso, los médicos nos vigilan de cerca. En mi caso, el equipo de hematología del CHN (al que no tengo palabras suficientes para agradecerles cómo se han portado) me pasa la ITV cada 3-4 meses para asegurarse de que todo sigue bien.

Revisiones rutinarias

En qué consisten

Aunque en mi caso todavía me citan desde consultas de varias especialidades (digestivo, nutrición, otorrinolaringología, medicina preventiva…) la revisión “importante” es la de hematología, que al fin y al cabo es la que trata sobre el linfoma en sí.

Las revisiones consisten en poco más que un análisis de sangre, oscultar y pesar, salvo una vez al año (en mi caso) en que me realizan un escáner para controlar el tamaño de la masa que quedó fibrosada aunque sin actividad.

Pues bien: el último que me habían hecho era en junio y desde entonces no había tenido noticias. Siempre se ha dicho que si no hay noticias, son buenas noticias, y más en estos casos en que si se ve algo raro la llamada es rápida. Pero eso no quita para que uno le de vueltas a la cabeza y dude.

Resultado: buenas noticias

Por eso, cuando el pasado jueves acudí a la siguiente revisión y lo primero que me dijo la doctora fue que el escáner estaba bien y la analítica también, respiré tranquilo.

De hecho parece que esa “masa” (nunca se han referido a ella como tumor) se ha reducido a solamente 6mm. Puede parecer mucho, pero teniendo en cuenta que en el momento del diagnóstico ocupaba 15cm, a mí me parece un tamaño estupendo. Y más si a los médicos les parece que la zona en la que está es para no darle ninguna importancia.

Seguimos haciendo planes

Desde que me diagnosticaron hasta hace relativamente poco, la planificación era un concepto que casi había desaparecido. Y es que cuando estás ingresado y sin posibilidad de marcarte objetivos más allá de superar los malos momentos, los planes a medio plazo y las rutinas van desapareciendo.

Y una vez superado el mal trago, la verdad es que de primeras no me apeteció obligarme a nada. Me conformaba con volver a coger rutinas diarias y volver a rehacer mi vida:

  • Buscar trabajo (18 meses de baja siendo autónomo hacen que busques otro tipo de proyectos),
  • Retomar la vida en pareja (vivir un año en un hospital hace que volver a casa sea casi como empezar de cero)
  • Que el cuerpo se vaya encontrando bien: nada de esfuerzos intensos, ni entrenamientos obligatorios.

Ahora, después de un año de margen, la cabeza me vuelve a pedir hacer cositas, planificar y buscar objetivos. Y para eso es necesario vencer la inercia del sedentarismo y ponerse un poco las pilas.

En breve iremos definiendo cosas, pero de momento la cosa está clara: volver a disfrutar de proyectos a medio plazo, sin olvidar que lo verdaderamente importante es el ahora, porque el mañana puede no existir.

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Ingeniero técnico de profesión, pero cicloturista de corazón. Superviviente de linfoma y transplantado de médula. Convencido de que la vida es jodida pero hermosa y por eso tenemos la obligación de disfrutarla de la mejor manera posible. Para mí, la bici, la fotografía y las tecnologías son una buena herramienta para hacerlo.

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